La luz parpadeante del servicio le molestaba en los ojos. Despertó en el baño con un terrible dolor de cabeza; el sabor a whisqui con hielo le recorría cada parte de su ser. Se levantó del suelo frío y húmedo con la ayuda de lavamanos. Dentro de este había un bote de pastillas, semivacío, con la tapa abierta y el contenido esparcido en un gran charco a sus pies. Lo había vuelto a intentar, lo sabía, sabía que se había dirigido al servicio, que había abierto el bote de pastillas y que había ingerido las suficientes como para dormir y tratar de olvidar, pero era un cobarde. Desde que ella le dejó, había realizado ese ritual día a día, pero no se atrevía a aumentar la dosis, sabía cuánto necesitaba para que su sueño durara eternamente, pero su mano se detenía cada vez que la idea se le pasaba por el corazón… Pido perdón al lector, puesto que no debería de haber dicho corazón, puesto que carece de él desde que ella se fue.

Beca; aun creía recordar como la conoció: era un día soleado, sin nubes, solo estaba el mundo y ella, expectante ante él, recordaba sus rizos de ébano, sus ojos verdes, su pálida tez. Pero se dio cuenta que se seguía mintiendo, puesto que ya no recordaba nada de Beca, lo único que le quedaba eran noches frías, días grises y amaneceres vacíos. Su vida se había convertido en un bucle, un círculo vicioso que le recordaba una y otra vez la noche en la que ella le dejó. Aun recordaba como por culpa de Él, Beca se fue de su vida para siempre. Por culpa de Él era que lloraba todas las noches, por su culpa lo había perdido todo, pero en lo más hondo, sabía que sin Él, no sería capaz de seguir adelante.

No sabía qué era lo que le empujaba a juntarse a Él, sabía que cada vez que estaban juntos se transformaba en otro tipo de persona. El día en el que Beca se fue , estaba con Él , recordaba como su mujer llego anunciando que la habían ascendido en el trabajo, pero en lugar de alegrarse , por culpa de Él se dio cuenta de que mientras su mujer prosperaba y traía dinero a casa , mientras el se encontraba sin trabajo y se sentía impotente. Él le dijo que con una vida así no se podía considerar hombre. Estas últimas palabras atravesaron su mente como el veneno que inyecta una serpiente. Al principio no sientes nada, pero se extiende y envenena todos tus sentidos. Estalló de ira, Beca lo vio venir, le dijo que se calmara, que todo lo que decía estaba infundado por Él. En un momento, la abofeteó, la miró y lloró, le dijo que la quería, que era todo lo que tenía, mientras que con sus manos apretaba el cuello de su amada, hasta que se quedo muda, sin aliento, se fue. Ahora solo quedaban ellos dos. Cuando llora por ella, Él le hace compañía. Siempre que lo necesita está ahí, abierto y listo para que se lo lleve a los labios y beba, hasta ahogar en Él todas sus penas. Es quien mejor le comprende, pero a la vez, se siente utilizado, ya que no se puede apartar de Él. Pero se acabó, hoy terminaría con esto, hoy tomaría la dosis extra que necesitaba para descansar, lo único que necesitaba para realizarlo, era un último trago… solo uno más.

Henry