Los Juegos del Hambre

En esta película, basada en la novela homónima de Suzzane Collins, se nos presenta un mundo distópico ambientado en un futuro no demasiado lejano, en el cual, para evitar posibles rebeldías, y para deleite de las clases altas, cada año se celebran los llamados Juegos del Hambre, una sádica competición en la que participan un chico y una chica pertenecientes a cada uno de los 12 distritos que conforman la sociedad, junto con el Capitolio, centro y capital del país; en dichos juegos sólo puede sobrevivir uno de los 24 integrantes de la competición, al cual se le colmará en gloria y en riquezas.

La protagonista de la historia, Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) es una chica del distrito 12 (el distrito más pobre) que se gana la vida cazando y vendiendo sus piezas para así poder sobrevivir. El día en el que cada distrito debe presentar sus dos tributos para los Juegos del Hambre, resulta elegida la hermana pequeña de Katniss, Prim, por la cual la protagonista se sacrificará presentándose voluntaria para los Juegos. Junto a ella irá el tributo masculino del distrito 12, Peeta Mellark (Josh Hutcherson), un hijo de panadero con el que fue al colegio Katniss. Los dos jóvenes deberán marchar al Capitolio, centro del país y lugar donde se celebran los Juegos, para los cuales les prepararán Haymitch Abernathy (Woody Harrelson) y Cinna (Lenny Kravitz). Es en el Capitolio donde aprenderán que no sólo dependen de su habilidad para sobrevivir, sino también de cómo logren hacer sonar su nombre entre las clases altas, para que los integrantes de éstas les tengan en estima suficiente para proporcionarles ayuda en el desarrollo de los Juegos; es decir, que se hagan sus patrocinadores.

Sin embargo, no es sólo esto lo que hace interesante la historia de la película. Lo que verdaderamente la enriquece es el trasfondo social en el que transcurre: doce distritos sometidos bajo el yugo del Capitolio, todos ellos, en mayor o menor medida, sumidos en la pobreza, y aceptando con resignación los Juegos del Hambre impuestos por sus opresores, los cuales han sabido jugar sus bazas astutamente para mantener a los distritos dominados y evitar posibles revueltas. Toda esta oscura subtrama está explicada en la película por las escenas que comparten el vigilante de los septuagésimo cuartos Juegos, Séneca Crane (Wes Bentley) y el presidente de la nación, el señor Snow (Interpretado por el veterano Donald Sutherland). Éste último, a su vez, demuestra en estas escenas ser un perfecto déspota, frío y calculador, que sabe cómo manipular a su pueblo para que se mantengan en la línea en la que se han mantenido hasta ahora.

Los actores, en rasgos generales, cumplen su papel excelentemente, destacando tal vez a la propia protagonista, Jennifer Lawrence, y, de una manera mucho más personal, al tributo profesional del distrito 2, Cato (Alexander Ludwig), quien me dió una grata sorpresa al final. En cuanto al apartado más técnico de la película, podemos decir que ha sido un buen trabajo por parte del director (Gary Ross), si obviamos quizás algunas peleas. Me explico: si bien usar tantísima cámara movida y un ritmo absolutamente frenético para la acción realiza una perfecta labor en los comienzos del Juego, para situar al espectador en la tremenda experiencia por la que está pasando en esos pocos segundos la protagonista, a la larga se hace tremendamente excesiva al aplicarla en cada combate de los tributos, haciendo que el que está sentado en la butaca viendo la película a veces incluso pierda la noción acerca de lo que está ocurriendo en alguna escena, sin saber quién es el que está rodando hacia allí, quién es el que está disparando hacia allá, y quién es el que está huyendo hacia el acullá. También se le podría acusar al director de haber suavizado, aunque sea ligeramente, los combates, siendo una película en la que precisamente se debe reflejar la crueldad de la supervivencia. Por lo demás, la ambientación, diseño e iluminación están muy bien conseguidos, reflejando a la perfección la vida gris y austera del distrito minero nº 12 y la coloración y la exacerbada ostentación del Capitolio. Sin embargo, poco podemos decir sobre la banda sonora, ya que, o bien brilla por su ausencia en algunos momentos (o tal vez sea tan increíblemente sutil que el crujir de las palomitas impedía que mis oídos se deleitasen con ella) o destaca en los momentos más inoportunos (casi siempre un combate).

Sin embargo, a rasgos generales, se podría obviar, en mayor o menor medida, aquellos desperfectos que posee la película para tratar de ver el perfecto ambiente que hay en el fondo: una historia que trata temas tan poderosos como la represión del pueblo, la corrupción del gobierno, la moralidad, la esperanza y el miedo.

Mi nota: 7,75/10